Puente 119(2004)
Hay quien busca la singularidad y la excepcionalidad de la naturaleza, al margen de la actividad humana ; hay quien busca referentes humanos o culturales sin tener en cuenta el entorno natural. Otros, sin embargo, propugnan que la actividad humana ha de entenderse siempre en el marco del conocimiento, respeto y utilización sostenible de los recursos naturales.
Quienes consideran que el turismo ha de practicarse en una escala humana, quienes entiendan y quieran conocer los ritmos de la naturaleza en armonía, el poso de la cultura y el pálpito de una sociedad en transformación, encontrarán siempre, como dice Eduardo Alvarado Corrales, consejero de turismo extremeño, EXTREMADURA.
Por haberlo experimentado durante las vacaciones, puedo decir que, efectivamente, Extremadura lo tiene todo (o casi, Vaya vaya, aquí no hay playa…) para satisfacer al turista más exigente.
Lo que se valora en primer lugar es la casi ausencia de un turismo de masas. Aquí se vive la España «ancestral», lejos de la mundialización salvaje. Extremadura ha sabido desarrollar un ecoturismo de calidad. Con sus 42.000 km. cuadrados de superficie, cuenta con 54 espacios naturales.
El más conocido es el Parque natural de Montfragüe. Fue el primer espacio protegido de Extremadura y es también zona de especial protección de las aves, debido a la importancia de sus poblaciones (sobre todo las rapaces). No se puede dejar de observar la colonia de buitres desde el ‘Salto del Gitano’. ¡Inolvidable e impresionante! El parque ofrece también al visitante una serie de senderos de 7 a 16 km., los cuales poseen excelentes puntos panorámicos o miradores, provistos de observatorios de fauna.
Menos conocido, pero no de menor interés, es el Parque de Cornalvo, cerca de Mérida. No hay que perderse la visita al centro de interpretación, ubicado al principio de la carretera que parte hacia el embalse romano. La acogida es excepcional, las exposiciones muy didácticas y se puede conseguir allí documentación y mapas de senderos. En Cornalvo se encuentra una presa romana, capaz de cumplir todavía función para la que fue construída : suministrar agua potable a la población. Cornalvo acoge también multitud de encinas y alcornoques, especies dominantes del paisaje, pero el símbolo más emblemático del parque es, sin duda, la cigüeña negra, especie en peligro de extinción que nidifica en los alcornocales más tranquilos. (Un momento único de mi viaje : el vuelo inesperado de esta cigüeña que normalemente no se deja ver…)
A unos km. de Cáceres, el Monumento Nacional de los Barruecos merece también una parada. Se compone de un conjunto de embalses, conectados entre sí y rodeados por un inmenso afloramiento granítico. El mayor interés del parque reside en la gran colonia de cigüeñas blancas, la mayor conocida. Es un verdadero espectáculo contemplar en respetuoso silencio las rocas coronadas por decenas de nidos y cigüeñas.
Las ciudades y los pueblos extremeños ofrecen también conjuntos culturales, religiosos e históricos injustamente desconocidos. El patrimonio debe muchísimo a la extensión del Imperio romano, así como a los conquistadores Hernán Cortés o Francisco Pizarro, a la Virgen de Guadalupe y al Emperador Carlos V. Tras un viaje que duró más de un año, el emperador, ya enfermo, eligió las tierras extremeñas para ultimar sus días. El monasterio de Yuste, escenario de estos últimos instantes, merece la visita. En ella, el visitante es guiado por los apartamentos del gran Emperador. Ofrece un testimonio muy vivo de quién fue aquel hombre, al igual que de los usos y hábitos de aquella época. Si se tiene tiempo, puede ser interesante asociar la visita de Yuste a la de los pueblos de la Vera. Es un «rosario» de 14 pueblos en el Valle de la Vera. La mayoría de ellos son pueblos antiguos en los que el paso del tiempo y de la modernidad ha dejado poca huella. Allí se vive a ritmo moderado, saboreando la sombra y frescura de calles estrechas y reservadas al paso tranquilo de los peatones, entre casas con vigas de madera vistas y fuentes -verdaderos centros neurálgicos de la vida del pueblo.
Mucho más turístico y ruidoso es el Monasterio de Guadalupe. El recorrido, siempre guiado ofrece explicaciones oportunas, pero no deja tiempo suficiente para disfrutar de todas las riquezas expuestas. La visita a la Virgen se hace acompañados por un monje y el «Ave María», propuesto en una oración en común, le da un toque original y folclórico…
La ciudad de Cáceres, justamente reconocida como patrimonio de la humanidad, no se puede perder. La ciudad intramuros ofrece a la vista del visitante un conjunto monumental romano-árabe-cristiano único. Son tantos los palacios, iglesias y edificios civiles que no se puede exponer todo. El casco antiguo se visita caminando, lejos del ruido y la molestia de los coches ; lo que más me llamó la atención fue la feliz ausencia de tiendas de recuerdos.
Menos visitado, pero verdadera perla del centro de la comunidad : Trujillo, para mí un flechazo, con su centro histórico tranquilo, limpio, alegre, abierto. Se brinda por todas partes homenaje al conquistador Francisco Pizarro y a todos los Trujillanos partidos a América que volvieron a su ciudad natal y dejaron edificios de enorme valor histórico y artístico. Han contribuído a hacer de esta ciudad una joya inestimable para Extremadura. Al caer la noche, el viejo castillo y todos los otros edificios se visten de oro para acoger la llegada de la cigüeñas y los juegos de los niños, felices de disfrutar, durante un par de horas, del descenso de las temperaturas.
Otra ciudad y otro estilo : Mérida. Durante los primeros siglos de nuestra era y hasta la caída del Imperio de Occidente, Mérida, etapa en la ruta de la plata, fue un importantísimo centro jurídico, económico, militar y cultural, siendo esta capital uno de los centros administrativos romanos más importantes. A partir del siglo XIX, Mérida vuelve a ser un núcleo de interés para los arqueólogos, que siguen excavando y sacando a la luz las inmensas riquezas arqueológicas. Entre ellas, las más visitadas son sin duda el teatro y el anfiteatro. Han sufrido poco y son un testimonio, en perfecto estado, de nuestro pasado cultural. Otra visita interesante es la casa de Mitreo, organizada en torno a tres patios ; dispone de habitaciones familiares, tiendas, jardines y termas. Pero el mayor interés de la casa reside en la conservación de multitud de pinturas murales y atractivos mosaicos. Además, el recorrido por este monumento está señalizado didácticamente, mediante un diseño muy original de pasarelas.
El museo nacional de Arte romano presenta una de las más importantes colecciones de arte romano del mundo. Es una visita imprescindible, llena de encanto, momento mágico y emocionante de mi viaje.
Antes de acabar, le dejo la palabra a mi estómago, que quiere añadir algo…
«Cultura, cultura, ya está bien. Quiero señalar que mi propietaria no sólo se llenó los ojos y la memoria de imágenes fantásticas sino que también se preocupó a menudo de mi bienestar. Tengo que reconocer que acertó. Me hizo beber vinos exquisitos y un par de licores (me enteré de que Extremadura es la cuna de los chupitos), probar la caldereta de venado, jamones ibéricos, postres monacales, pero mi mejor recuerdo gastronómico es sin duda el queso atípico «Torta del Casar». Es untuoso, cremoso y tiene impacto social hasta en el modo de degustarse…
Ya lo habrán entendido : ya sea por su tranquilidad, por su naturaleza, por su riqueza cultural o por su gastronomía, hay que hacer de Extremadura un destino de vacaciones ; pero sin difundirlo demasiado, para que guarde para siempre su autenticidad.
Viviane VERNIMMEN