Ñamérica (1a parte)

Puente 183 (marzo 2022)

Esta es la primera parte de esta reseña. La segunda se publicará en junio.

Martín Caparrós, Ñamérica, Literatura Random House, 2021.

Biodata   

(Buenos Aires, 1957). Se exiló en Europa durante la dictadura militar argentina. Se licenció en Historia en París, vivió en Madrid, Nueva York y Barcelona. Hizo -y sigue haciendo- periodismo en gráfica, radio y televisión. Empezó a colaborar con el diario El País. Desde el retorno de la democracia en su país, vivió entre España y Argentina. Ha publicado más de treinta libros en más de treinta países. Muchos de ellos serán reeditados en la Biblioteca Martín Caparrós, que Literatura Random House lanzó en 2020 y donde ya han aparecido las novelas Sinfín y Un día en la vida de Dios, además del ensayo El Hambre.

A. El título.

El libro se llama «Ñamérica» porque en algún momento durante el trabajo el autor decidió que no quería trabajar en América Latina en su conjunto, sino en esos 19 países que hablan español. Lo que significaba excluir a Brasil.

Quería trabajar solo en países de habla hispana y ahí se encontró con el problema del nombre. ¿Qué nombre dar al objeto de su trabajo?

“Podría decir «Hispanoamérica», pero este nombre presta a España un lugar que ya no ocupa en la práctica política, social, cultural del continente. Sí ocupa un gran lugar: el de la cuna del idioma, tan determinante… Si hay algo que hace que esta región sea distinta de todas las demás es el hecho de compartir… un idioma.” (p. 25). Había que buscar otro título, pero cuál, porque no lo hay: latinoamericano significa otra cosa; Iberoamericana también, porque Ibero incluye toda la Península Ibérica.

Escribe M. Caparrós en la página 26: “ya no somos hispanos. Pero sí somos -si algo somos- los que hablamos castellano.

Y el castellano se distingue, más que nada, por esa letra rara”.

La eñese iza, se saluda, se flamea… es cierto que la eñe se ha transformado en estandarte del idioma castellano: a nadie más se le ocurrió inventarse semejante letra. La eñe es una extravagancia… y es un gesto de orgullo: la letra que nadie más tiene, la que, solo con mostrarse, ya dice castellano.

Por eso quiero decir Ñamérica: la América que habla con esa letra, que con ella se escribe. Por eso quiero ser ñamericano: somos los que tenemos esa letra en nuestras vidas.

Ñamericanas, digo, ñamericanos, digo,

Señoras y señores, niñas, niños:

La gente de Ñamérica.”

B. Ñamérica.

Ñamérica, un solo nombre, pero tantas diferencias entre “Cono Sur” /países andinos/caribeños/ Centroamérica/México/Paraguay…. Pero “están también las semejanzas; me gustaría encontrar qué los une… quiero saber qué tienen en común, qué realidades, qué mecanismos, qué problemas, qué deseos… qué rasgos comunes nos permiten pensar a Ñamérica como un conjunto que se puede pensar.” (pp. 28-29).

Ñamérica siempre fue tierra de mitos. Hace exactamente medio siglo se publicó un libro que intentó una síntesis del continente. Las venas abiertas de América latina, de Eduardo Galeano, fue leído por millones de personas. En aquel libro, había malos muy malos y estaban los buenos: los autóctonos que intentaban resistirse. Que resistieron a los múltiples invasores que conoció el continente.  Estas, sin embargo, son visiones reductoras de la historia. Un ejemplo de ese error es que no todos los males del continente empezaron con la conquista. Basta con pensar en los aztecas con sus sacrificios humanos y sus guerras o en los incas con sus monarcas medio dioses, sus castas absolutas, la explotación implacable de sus pobres.

M. Caparrós nos dice que hoy el continente es otro. “Está claro que somos otros” (p. 32). El crecimiento demográfico es enorme: Ñamérica se ha vuelto una región particularmente urbanizada. Mas del 80% de la población vive en las ciudades. Se vació el campo que ahora es solo un espacio para la producción que sus dueños intentan adaptar a su nueva función, que precisa cada vez menos gente.

A las enormes megalópolis del continente, el autor les dedica algunos capítulos específicos.  Se trata de México, la ciudad desbocada; de El Alto, la ciudad inesperada; de Bogotá, la ciudad rescatada; de Caracas, la ciudad herida; de La Habana, la ciudad detenida; de Buenos Aires, la ciudad abrumada; de Miami, la ciudad capital y de Managua, la ciudad sacudida. Imposible dar cuenta de todas las evocaciones, cada vez muy personales, fruto de varios viajes allá, de los numerosos encuentros que hizo el periodista, de los cuales ya sabíamos algo a través de los artículos en las columnas de El País semanal.

C. Algunos rasgos comunes

En una entrevista a France 24, Martín Caparrós, explica el sentido de una frase suya muy devastadora: “Somos nuestro fracaso de nosotros mismos”.

“Eso viene de haber escuchado tantas veces sobre esos famosos llamados a la «unidad latinoamericana» y de la comprensión de que América Latina no está unida. América Latina es, ante todo, el fracaso de nosotros mismos, en el sentido de un territorio que no terminó de consolidarse como tal. Creo que somos nuestros fracasos en muchos campos, y lamentablemente gran parte del libro trata sobre esos fracasos.

Ahora, traté de contar lo común, no lo extraordinario. Eso es algo que me interesa cada vez más. Me gusta el periodismo que trata de contar nuestras vidas y lo que somos, no lo que sucede muy de vez en cuando, que en realidad es lo que nos enseñaron a considerar como noticia. Y es mucho más complicado, porque es más fácil contar una historia: es algo extraordinario lo que sucede, está ahí y tiene ciertas reglas para ser narrada. En cambio, tratar de mirar y ver cómo somos, cómo vivimos, qué hacemos, qué pensamos, es un territorio mucho menos marcado. Y un poco de empezar por ir a las ciudades tuvo que ver con eso, tratando de ver cómo son los espacios donde nos movemos y cómo nos movemos en ellos.

 

Lo común, lo pone en evidencia a lo largo de los siete capítulos cuyos títulos empiezan con “El continente… y después algunos adjetivos elegidos con mucho esmero y significado potente”, tales como éstos:

 

      1. El continente inquieto
      2. El continente partido
      3. El continente violento
      4. El continente creyente
      5. El continente mache
      6. El continente pop
      7. El continente real

1. ¿Inquieto?

Todos somos migrantes

Se sucedieron grandes olas de migraciones al continente desde los orígenes hasta ahora. La causa fundamental de estos movimientos siempre fue porque eran inquietos, asustados. “Empezaron a andar. Huían de algo o buscaban, sorprendentes, un futuro mejor” (p. 68).

La primera ola, hace unos 10000 años, fue una procesión lenta de siberianos que pasaron por el estrecho helado de Bering. Eran solo unos cuantos miles y constituyeron el núcleo original. De allí nacieron hace más o menos 2000 años los primeros estados poderosos: los Mayas en el istmo central; los Aztecas y los Incas, hasta el año 1500. Cuando llegó la segunda ola…

Llegaron en barcos

Llegaron los españoles crueles y violentos con sus misioneros, sus guerras infames cometidas en la población indígena. “Un genocidio espeluznante” (p.75).

El imperio español ha durado 3 siglos sin mayores cambios, con mucho mestizaje y clases sociales bien definidas.

Martín Caparrós no cree en la imagen edulcorada del buen salvaje y se opone a la idea de un colonialismo culpable de toda la miseria actual de los ñamericanos.

Los “originarios” son ahora unos 40 millones, 9 de cada 10 en cuatro países esencialmente, que son Bolivia, Perú, México y Guatemala.

Llegaron en cadenas

La tercera ola fue siniestra pero rentable con el comercio de los esclavos negros de África. Más o menos 2 millones trabajaron en las plantaciones de caña y tabaco de Cuba, Venezuela…

La esclavitud se terminó con las guerras de Independencia, pero los negros siguieron siendo los pobres más pobres. Uno de cada 25 ñamericanos se define ahora como afrodescendiente.

Llegaron llenos de esperanza

La cuarta ola era gente procedente del sur de Europa, de la Europa del este, de medio Oriente, Japón, China, entre 1860 y 1930.  Era una población ilusionada y laboriosa que se instaló sobre todo en Argentina (italianos y también muchos españoles republicanos).

Primera de partir

La quinta ola es ahora mismo. Tantos ñamericanos se quisieron ir a las ciudades del continente o a otros paises (más de 30 millones). Huyen de situaciones extremas desde la violencia hasta los efectos del cambio climático. Quieren vivir mejor. “Migrar es -queda dicho- la solución de unos tiempos que no ofrecen soluciones” (p. 118).

Martine Melebeck

La segunda parte de esta reseña se publicará en nuestro número de junio.