Puente 158 (abril 2015)
FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA (Alias SILVER KANE), La Dama y el recuerdo, Planeta, 2010, 320 págs., 20 €
La novela de quiosco es un mundo fascinante. (Manuel BLANCO CHIVITE)
Silver Kane fue mi maestro, ( F. GONZÁLEZ LEDESMA)
En la España de los años cuarenta y principios de los cincuenta se pasaba hambre y el racionamiento no bastaba para dar de comer a los que no podían aprovisionarse en el mercado negro. De modo que, para sobrevivir, mucha gente tenía que recurrir al pluriempleo.
Para agradar a un público privado de distracciones y ávido de cuanto procedía de los Estados Unidos, en especial el cine, muchos funcionarios, sobre todo, se pusieron a escribir novelas del Oeste con seudónimos con consonancias americanas (Tony M. Tower, Lou Carrigan, Ralph Barby, Frank Caudett, Donald Curtis, Keith Luger y ….un tal Silver Kane).
Sus novelitas se vendían en los quioscos.
González Ledesma fue uno de ellos.
En el punto de mira de la censura y necesitando ganarse la vida, publicó en la editorial Bruguera, con el seudónimo Silver Kane, centenares de novelas del Oeste.[1]
Para publicar novelas con su nombre, tuvo que esperar a la muerte del dictador.
En 2010, a la edad de 83 años, tal como escribe en la contraportada : me he atrevido a volver a mis jóvenes años […] He tratado de saber si, después de tanto tiempo, soy todavía capaz de escribir como un joven…Si no he sabido resucitar aquel mundo le ruego una cosa ; que al menos, no dispare contra el novelista.
No será necesario.
De hecho, no se trata de una reescritura sino de una novela nueva, totalmente original, que firma con su nombre, González Ledesma, y no como Sylver Kane .
El arranque de la novela ya pone al lector en vilo: « Aquella mañana ocurrieron en Jackson, Kansas, cuatro cosas juntas que no habían ocurrido nunca: se pararon a la vez cien relojes de cuerda, llegó un jefe indio que quería comprar la paz para su pueblo, un pistolero llenó un ‘saloon’ no de clientes, sino de muertos, y un hombre perfectamente vestido quiso comprar un cementerio. Nunca antes había estado en venta el cementerio de Jackson », incipit que no desentonaría en una recopilación de primeras palabras de textos.
Si técnicamente aprendió mucho –«Lo más importante es que con esas novelas aprendí mucho técnicamente. Tenían que ser interesantes desde la primera línea y dosificar la intensidad para que se leyeran de un tirón »–[2], en contrapartida, también las técnicas de la novela criminal le sirvieron para escribir esa novela del Oeste : dominio de las técnicas del suspense, calidad de los diálogos, habilidad en encadenar las distintas historias sin que se pierda el lector.
Todos los ingredientes y tópicos de la novelas del Oeste se encuentran aquí reunidos : hay buenos y malos, pistoleros como Lucky Luke, el hombre que dispara más rápido que su propia sombra, cazarrecompensas, sicarios, ladrones de ganado, vampiresas… ; un saloon con sus damas y su pianista, un sepulturero y un médico que beben como cosacos, un director del periódico local que se llama Silver Kane, [fue] escritor y [tiene] publicadas varias historias de este país (pág 42), un sheriff, (que muere en la página 8), un director de banco (muere a la página 9), un guardaespaldas ciego y muchos protagonistas más.
Entre ellos destacan ciertos personajes : Michael Ford, delegado del gobierno y apoderado para los asunto indios, el hombre más corrupto de la ciudad y uno de sus peores canallas ; Lena, su amante, una vampiresa sin escrúpulos cuando hay provecho que sacar ; Fedra, la mestiza india vendida por su tribu, caída en la garras de Ford y salvada por Taylor, el pistolero justiciero que va a cuidar de ella y del hijo de Valiant, el jefe indio que quería comprar la paz para su pueblo y fue asesinado por Ford en una trampa; Lancaster, el cazador de recompensas más famoso y mejor cumplidor del Oeste, lo que no le impide ser un hombre de honor, está a sueldo de Ford para matar a Taylor ; y como remate, Glenda Peter, alias Ketty River, una juez que enseña sus piernas a los condenados a muerte para que vean por última vez algo bonito antes de ir a la horca (pág. 199) ; y Johny Cementerio, su guardaespaldas y su protector ciego, que tiene el disparo certero guiándose sólo por el oído y …por muchos muertos.
He aquí todos los ingredientes que, mezclados con inteligencia y algo de humor, dan lugar a una novela muy amena de aventuras y suspense que se lee de un tirón.
Rodolphe STEMBERT
[1] En 2007 la editorial La Factoría de ideas tuvo la excelente iniciativa de volver a publicar en la colección « Carta negra » cuatro de esa novelas : Yo, el asesino, Millones de lucecitas, El asesino de las doce en punto y Recuérdame al morir. . Esta última es muy interesante por ser una obra metaliteraria en la que el protagonista es el mismo Siver Kane, metido en un caso que va a novelizar.
Con el seudónimo Enrique Moriel, escribió dos novelas policíacas y como Rosa Alcázar una treintena de novelas románticas
[2] F. González Ledesma, en Historia de mis calles.