El arte de saber ligero. Una breve historia del exceso de información

Puente 191 (marzo 2024)

En las páginas de PUENTE solemos reseñar libros de ficción. Pero no hay ninguna regla que nos impida hablar de otros libros, como esta joya que descubrí, por sugerencia de Kobo. No pude resistirme al tentador subtítulo. En los tiempo que corren, todos sufrimos con la sobrecarga de información.

El autor detalla cómo la sobrecarga de la información no es nada nuevo y traza la evolución del fenómeno. Empieza por constatar que desde el invento de la escritura, y más desde la de la imprenta, los textos no hacen dejan de multiplicarse.

Explica cómo el magnífico invento de la escritura, que supuestamente tiene vocación de mejorar y apoyar la memoria, tan solo transfiere la memoria a un soporte externo y establece un abismo entre los que sí saben y los que no. Muestra cómo los textos escritos de los antiguos se perdieron en su gran mayoría. Describe el desastre del incendio de la biblioteca de Alejandría y menciona como algunos pueden haber visto esta aniquilación con buenos ojos. Explica que los textos que se conservaron se sepultaron en la Edad Media bajo capas de glosas y de comentarios y que estas capas son imposibles de quitar del todo.

Cada época tiene una relación particular (y no necesariamente única) con los textos y los autores. Reconstitución, colección, intentos de exhaustividad, intentos de eliminar textos que molestan o se consideran mentiras o peligrosos. Momentos y personas que prefieren seleccionar partes de textos  con tijeras. Y luego está Montaigne, el lector impaciente que solo puede leer por breves momentos, para olvidar justo después lo que acaba de leer, y que cuando escribe quiere anular la escritura. Es el modelo del honnête homme que interesa a Roland Barthes, el que dispone de conocimientos básicos. Y está al final el amateur, esa persona que lee al azar de los encuentros, por placer y sin afán de exhaustividad – solo para descubrir cosas nuevas sin presumir de nada.

El autor no habla (o muy poco) de internet. Pero su reflexión y su mensaje es interesante, y en cierto modo tranquilizador. No se puede ni se debe conservar todos los textos, ni leerlos todos. Al final, es el lector el que decide.

UNAS REFERENCIAS PARA SABER MAS

Leopoldo González