Manuel Vilas, El mejor libro del mundo

Puente 195 (marzo 2025)

Manuel Vilas- “El mejor libro del mundo”-Editorial Planeta (Colección destino)- septiembre de 2024.

Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es poeta. Su obra narrativa la inicia España, a la que le siguen novelas como Aire nuestro y otros relatos. Su novela Ordesa (2018) fue traducida a más de veinte lenguas, elegida libro del año por Babelia, obtuvo el Premio Femina a la mejor novela extranjera. Alegria(2019), traducida a varias lenguas, fue finalista del Premio Planeta. En 2021 publicó Los besos. Su novela Nosotros fue galardonada con el Premio Nadal de Novela 2023. Colabora con El País, La Vanguardia y la Cadena SER.

Esta novela de inspiración autobiográfica mezcla de diario y novela confesional, se abre con estas palabras:

“Mañana cumplo sesenta años y no sé qué ha sido mi vida, corrió veloz como los conejos en el monte, sorteando obstáculos y zigzagueando entre las hierbas, las piedras y los árboles, sin que en modo alguno, bajo ninguna circunstancia, bajo ninguna mirada benévola y amable, pudiera apreciarse la construcción de un camino, porque los caminos exhiben y afirman un pasado y quienes serpenteamos llevamos en las manos una fantasía, la ilusión de que estuvimos vivos y que amamos y fuimos amados, pero no hay camino detrás de nosotros.”

 

La obsesión por las cifras (cumplir 60 años), por la proximidad de la muerte, son unos de los temas fundamentales para el escritor. Y para no morir, para seguir viviendo, hay que escribir un salvaje antídoto, en una oficina de fuego. Tiene que escribir el mejor libro del mundo, sabiendo que nunca podrá terminarlo. Porque se siente un “impostor”, que no merece ni la fama ni el reconocimiento.

Este es el libro de un existencialista que no cree en dios, que no cree en nada, salvo en lo que puede ver, tocar, vivir. Es el libro de un ser angustiado, desgarrado entre el anhelo de éxitos y el sentimiento de fracaso que nos explica las miserias del día a día de su oficio de escribir.

El escritor tiene obligaciones mundanas como ir a presentar sus libros por todo el país, como soportar el estrés de las Ferias del libro y sus largas colas de admiradores (¡sobre todo ante las casetas de los otros autores!). Al escritor le gustaría vender muchos libros para ganar un montón de dinero, única prueba tangible del reconocimiento de su obra. También apreciaría recibir un Premio grande como el Nobel, por ejemplo.

Pero la realidad es otra, como lo ilustra este divertido diálogo de la página 558, casi al final del libro. El autor está paseando por las calles de Fuengirola (donde se encuentra para presentar uno de sus libros) y ve un pequeño quiosco al lado de su hotel. Entra. Es una tiendecita en donde venden de todo: papelería, chuches para críos, bebidas frías, periódicos, revistas y algunos libros, pocos, entre los cuales, y en lugar muy visible, hay un ejemplar de Nosotros al lado de cuatro o cinco bestsellers extranjeros.

“-Buenos días, soy el autor de ese libro. – Y señalo el libro con el dedo.

-Ah, pues buenas tardes, o sea que usted ha escrito ese libro, pues nunca me ha saludado un escritor de libros, es buen oficio, ¿verdad?

-Si, no está mal.

-Mejor que este de estar aquí todo el santo día vendiendo gominolas y coca-colas.

– ¿Se vende bien mi libro?

-Pues espere que se lo miro.

El hombre coge mi novela y lee el código de barras en el ordenador.

-Pues solo tengo un ejemplar y es este.

Nos quedamos mirándonos a la cara.

-Pues igual es mejor oficio el suyo que el mío- le digo.

-Pues igual, vivimos tiempos muy raros, pero usted al menos viaja, yo estoy aquí todo el santo día

-Pero en Fuengirola se está muy bien, hay mar y hace mejor tiempo que en Madrid.

-Pues también es verdad.”

La situación parece absurda, ridícula, cómica, pero ¿quién va a saber cómo la puede vivir el escritor desde el interior? Este es el drama.

Momentos divertidos, sí que los hay a lo largo de las páginas. No es un relato pesado, para nada, pero es claramente obsesionante, girando siempre en torno a la persona del escritor, repitiendo mil veces lo que experimenta, lo que sufre. Hay que seguirlo con paciencia. ¡Menos mal que los capítulos son cortos, que podemos dejar la lectura y volver a ella después de una pausa beneficiosa!

Quería terminar mi reseña con la citación de algunas reflexiones del narrador, en modo impresionista. Quizás hojear así las casi 600 páginas sea la manera más relajante y adecuada para entender la voz del escritor.

“El poder igualatorio de la muerte es la mayor democracia del mundo: mueren igual pobres y ricos.”

(p.76)

“He alcanzado la misma soledad que vivió mi madre, en un eterno retorno de lo que ya fue, que vuelve a ser para dejar de ser y ser otra vez en el tiempo, que es siempre el mismo tiempo.” (p. 119)

“El segundo de nada más despertarme es de terror, de vulnerabilidad, de miedo, pero de miedo a qué, me pregunto. Es el miedo a no haber escrito el mejor libro del mundo…Sé que en cuanto me levante de la cama y me vaya a la cocina a preparar el café el miedo desaparecerá, y así ocurre.

El desayuno es el tiempo de la ilusión.” (p. 120-121)

“¿Busca la verdad la literatura? La verdad no existe, solo existen las palabras, y más allá de las palabras, vuelven otras palabras.” (p. 373)

“Puede que haya sido incapaz de amar a alguien en este mundo. Puede que solo me haya amado a mi mismo, que es el amor más infame y perjudicial que existe. No puedes elegir el tipo de persona que eres.” (p.404)

“No basta con hablar inglés y otra lengua. El mundo son millares de lenguas. Para comprender la humanidad hay que hablar todas las lenguas, y eso es imposible. Nadie habla todas las lenguas, por eso estamos donde estamos, en una incomprensión de nuestra identidad humana que acaba en guerras y en muerte y en miserias.” (p.438)

“Si ha llegado el éxito, eso querría saber. ¿El éxito? ¿Es el éxito lo que me ha ocurrido? ¿Puedo descansar de mi terror a morirme de hambre, a no ser nadie?” (p. 475)

“No se puede ser más español que esa gente de ETA. Matar por nada es una españolada…” Mira, han matado a este y no a mí, fantástico”, eso es España.” (p.514)

Martine Melebeck