Gabriel García Márquez- “En agosto nos vemos”
Random House-Marzo de 2024
Fue un desafío grande y a la vez una decisión controvertida sacar a luz un libro que el autor no publicó en vida, del cual decía que “ese libro no servía”, que “había que destruirlo”.
¿Por qué esas declaraciones? Porque Gabriel García Márquez, cuando lo escribió, sufría pérdida de memoria, su materia prima, su principal herramienta.
Con el acuerdo de sus dos hijos, Rodrigo y Gonzalo García Barcha (ver prólogo pp. 7, 8 y 9), el editor, Cristóbal Pera, en una nota final de 12 páginas, explica la larga historia de esta publicación. Los lectores de El País ya habían podido disfrutar del primer capítulo, concebido como un cuento. Luego, fue una labor llevada por diferentes colaboradores, con intercambios de borradores entre el escritor y la secretaria. El resultado es una novela corta o un cuento largo de 136 páginas, dividido en seis capítulos. Si según la crítica no tiene la fuerza irrepetible de sus grandes textos, es una muestra evidente de que el autor seguía dominando el arte de contar historias.
El sugestivo título «En agosto nos vemos» evoca de manera sencilla la promesa de un encuentro que se repetiría cada año en una fecha regular. ¿Quién es el “nos”?
Cada 16 de agosto, Ana Magdalena Bach, toma el trasbordador de las tres para ir a la isla donde está enterrada su madre. Una vez al año entonces, la hija de 46 años deposita gladiolos en la tumba y mantiene una conversación intima con la difunta.
Ana Magdalena lleva 27 años casada con el mismo marido que nunca la acompaña allí. Es su momento de soledad, de encuentro con sus lecturas favoritas durante el trayecto de 4 horas. Es entonces cuando, de repente, empieza a conocer una metamorfosis emocional gracias a los hombres que la van a seducir y a los que ella sucumbirá sexualmente. Muchas veces, ni siquiera conoce su nombre, pero cada vez, al volver a la ciudad, se siente diferente, conmovida, perturbada en su rutinaria vida de esposa. Está entre anhelo y rechazo de volver a vivir otra aventura en la isla. Por lo cual, “En agosto nos vemos”, también puede evocar el esperado reencuentro con uno de los hombres de su vida…
Lo que fascina durante la lectura son el ambiente creado por la evocación de las noches en el bar con sorbos de ginebra o de brandy, entre música y baile; la extraña belleza de los paisajes naturales tropicales con palmeras, lago interior y garzas; el estruendo de las tormentas y el remolino de las aguas turbias, espejo de una conciencia interior agitada.
Las temáticas son las habituales en las novelas de Gabriel García Márquez: la muerte, el doble, la soledad.
Soledad de una mujer en un lugar conocido pero cada vez un tanto extraño. “La isla”, no sabemos cuál es exactamente: puede ser la isla, la única que conocen los protagonistas o quizás una isla que represente todas las islas posibles, como el símbolo perfecto del aislamiento, tanto íntimo como geográfico. La muerte, la de su madre fallecida, claro, pero siempre en contacto con la vida ya que siguen dialogando juntas las mujeres. La muerte y el amor, que Ana experimenta después de la visita al cementerio; amor que sigue manifestando el amante secreto que tuvo la madre, cubriendo su tumba de gladiolos.
Al final de la novela, Ana Magdalena decidió pedir la exhumación de los restos de su madre, ya que no quería nunca más desplazarse a la isla. Quería dar un adiós definitivo a su vida pasada, quería anudar el tiempo entre su propio cuerpo y el de su madre, sabiendo que, inconscientemente, había repetido el mismo gesto: vivir un amor clandestino en la isla (el tema del doble). Con estas palabras, tan crudas como mágicas, lo describe el narrador:
“Ana Magdalena se vio entonces a si misma en el cajón abierto como en un espejo de cuerpo entero, con la sonrisa helada y los brazos en cruz sobre el pecho. Se vio idéntica y con su misma edad de aquel día, con el velo y la corona con que se había casado, la diadema de esmeraldas rojas y los anillos de boda, como su madre lo había dispuesto con su último suspiro. No solo la vio como fue en vida, con su misma tristeza inconsolable, sino que se sintió vista por ella desde la muerte, querida y llorada por ella, hasta que el cuerpo se desbarató en su propio polvo final y solo quedó la osamenta carcomida que los sepultureros desempolvaron con una escoba y la guardaron sin misericordia en un saco de huesos”. (pp.121-122).
También se vuelven a encontrar las mismas técnicas estilísticas: las recurrencias, las espirales y las imágenes obsesivas. Las menciones de un tiempo cuyas ocurrencias se repiten: misma fecha, mismas horas, mismo ritual cada año.
Lo que sí es nuevo en esta novela es que la protagonista sea una mujer y no un hombre. Una mujer contemporánea, en búsqueda de su propia libertad individual y sexual, una mujer que experimenta nuevas tensiones, cataclismos existenciales. Lo cual no deja de contrastar con su aparente y feliz vida conyugal. Gabriel García Márquez, esta vez, entra en el interior del alma femenina y lo hace con sutileza, con la sutileza de un embrujo sensual al que no podemos resistir.
Martine Melebeck