Tomás Nevison

Puente 190 (diciembre 2023)

Javier Marías- “Tomás Nevinson– “

Penguin Random House-2021

Última novela antes del fallecimiento del autor en 2022, quizás su obra maestra, en la línea de la anterior, titulada “Berta Isla”, publicada en 2017 (ver nuestra reseña en el Puente número 171 de marzo de 2019).

Tomás Nevinson, de unos 40 años, vive ahora en un pequeño piso de la calle de Lepanto en Madrid, no lejos de la casa de Berta Isla, su compañera de toda la vida, madre de sus dos hijos.

En aquel periodo de los 90, el ex detective del M16-M15 y de los servicios secretos del Reino inglés, “llevaba tiempo retirado y quemado” (según sus propias palabras), después de algunos años escondido en algún pueblo de Inglaterra, bajo diferentes seudónimos. Su jefe, el más visible, se llamaba Bertram Tupra, o también Berti, o Reresby y vivía en Londres.

Tomás, medio inglés, medio español, había matado dos veces en su vida, para ejecutar las órdenes de su jefe, pero estaba seguro ahora de quedar fuera del juego definitivamente. Era sin contar con una inesperada llamada de Tupra, el 6 de enero de 1997, cuyo objetivo era «reactivarlo” para un asunto especial.

Ambos se ven brevemente en una plaza de Madrid. Tomás duda en aceptar. Se trata de “eliminar” a una mujer supuestamente norirlandesa, responsable de preparación logística de unos terribles atentados terroristas de ETA ocurridos 10 años atrás en Barcelona (Hipercor) y en Zaragoza. A Tomás le presentan las fotos y los nombres de tres “sospechosas”, las tres viviendo en Ruán, un pueblo del noroeste de España. El detective tendría que averiguar cuál de las tres es la culpable y eliminarla, para que no pudiera fomentar nuevas operaciones terroristas en el futuro.

Finalmente, Tomás acepta la operación, ya que “está harto de no estar dentro, de estar fuera de la acción” y eso a pesar de que su educación le prohíbe matar a una mujer. Se instala en un piso de Ruán, desde donde puede observar visualmente a Inés Marzán que vive en un apartamento de enfrente. En las viviendas de las otras dos sospechosas, se han instalado micrófonos y cámaras de vigilancia que graban su vida cotidiana.

Tomás, alias Miguel Centurión, da clases de inglés en un colegio local y, poco a poco, entra en contacto con las tres. Se queda allí durante unos meses para llevar a cabo su investigación…

¿Qué género novelesco es éste? No es un thriller ni una novela política y, sin embargo, hay intriga, personajes y suspense con fondo de contexto histórico-político.

Realmente, hasta el final el lector no está seguro de que el protagonista vaya a matar (Javier Marías tiene un gusto particular por apuntar los itinerarios posibles de la trama narrativa); muchos personajes secundarios cobran importancia a lo largo del desarrollo de una novela sembrada de diálogos y numerosos intercambios. La evocación histórica del antes, del durante y del después de los atentados terroristas de ETA no es poca cosa: tampoco hay detalles ni precisiones y la expresión de sentimientos resulta contrastada entre el dolor, la pena, el remordimiento, la rabia o la indiferencia.

Para intentar determinar el tipo de novela que representa “Tomás Nevinson”, conviene hacer hincapié en el inicio del texto que recuerda a dos hombres, uno en la ficción y otro en la realidad, que tuvieron la oportunidad de matar a Hitler antes de que éste desencadenara la segunda guerra mundial. Dos fracasos.

El protagonista se encuentra más o menos en la misma situación, en el momento decisivo de “matar” a una terrorista, ahora durmiente, antes activa y posiblemente peligrosa en el futuro. Pero el dilema, el reto era de otra índole para Tomás. Nunca llegó a saber con total certidumbre si era culpable la mujer que finalmente tenía que matar por obligación profesional

Se ve que matar no es tan difícil e injusto si se sabe a quién” piensa el protagonista. En efecto, el oficio de Nevinson siempre ha sido obedecer órdenes y matar cuando fuera necesario para sustituir a una justicia insuficiente. Circunstancia agravante en este caso: se trata de mujeres y el narrador escribe: “Yo fui educado a la antigua, y nunca creí que me fueran a ordenar un día que matara a una mujer. A las mujeres no se las toca, no se las pega, no se les hace daño.

¿Y si no fuera culpable ninguna de aquellas mujeres de las fotos entregadas por Tupra? ¿A qué simulacro de justicia se prestaría Tomás? En el fondo, lo importante en esta novela son las reflexiones profundas, casi metafísicas que se plantea el narrador-personaje, del tipo: ¿quiénes somos? ¿se puede matar para evitar una matanza? ¿Cuál es ese límite borroso en el que colindan justicia e injusticia, bien y mal?

En cuanto al estilo, a la técnica de escritura, quería subrayar la sutil confusión entre narrador, personaje y escritor. Algunas veces, las frases están escritas en YO; otras veces, en tercera persona singular, como si fuera útil en esos momentos distanciarse de los hechos y de las emociones. Javier Marías también suele condimentar su relato con estribillos literarios (de escritores ingleses, sobre todo) o con alusiones cinematográficas, lo cual le ayuda a ilustrar problemas punzantes para el hombre.

Para el lector acostumbrado a las columnas de opinión redactadas por el autor en El País durante muchos años (lo que fue mi caso), no es un misterio reconocer ciertas manías, ideas, posturas claves de Javier Marías acerca de la sociedad y del género humano. Por ejemplo, hablando del discurso de Tupra, escribe: ” …no decía tonterías…, raro era oírle una platitude, que es lo que uno oye hoy en día sin cesar.” (p. 60).

En la página 95, durante su cita con Tupra en Madrid, fuman los dos en un bar. Era en el 97 cuando “el mundo no era demasiado histérico ni se había hecho prohibicionista de todo”. Muchas veces, el tono está marcado por un humor devastador y un tanto desdeñoso. Hablando de la aptitud general de los españoles para el aprendizaje de las lenguas, destaca: ” …pertenecían a ese tipo abundante de español sin oído, incapaz de distinguir más que nuestras cinco vocales elementales, y por tanto de reproducir ninguna de las intermedias” (p. 386)

En conclusión, la lectura de Marías siempre ha sido y será, para mí y para sus fieles lectores, un largo e inteligente placer.

Martine Melebeck