Los enamoramientos

Puente 186 (diciembre 2022)

Los enamoramientos

Javier Marías, DeBolsillo, 2011.

Acabada en enero de 2011, esta novela de Javier Marías no fue la última de su larga producción. Pero como señala el autor en “La plaga de la impunidad” (artículo publicado el 27 de febrero de 2011 en la “La zona fantasma”, la columna del autor en El País Semanal y que figura al final de la edición Debolsillo), no se esperaba que escribiera ninguna novela más tras las mil seiscientas páginas, en tres volúmenes, de la anterior, Tu rostro mañana.

Por pura casualidad llegó a mis manos “Los enamoramientos” de Javier Marías y debo confesar que su título me pareció halagador, despertando ilusión en la lectora optimista que yo soy.

Si bien es una novela en la que se habla de amor, como suele ocurrir en la narrativa de J. Marías, de un amor que puede traer felicidad, se incluye aquí fundamentalmente maquinación, daño y muerte.

 

María Dolz es la narradora de este relato. Es ella quien observa, en una cafetería donde suele desayunar cada mañana antes de acudir a la editorial donde trabaja, a una pareja que de inmediato le parece la pareja perfecta. Luisa y Michel Desvern saborean aquellos instantes que comparten sin saber que una “joven prudente” está fantaseando un amor ideal. Hasta que, a partir de una mañana, se acaba el ritual cotidiano. Por la prensa, María se entera de que Desvern ha sido salvajemente asesinado.

El azar la conducirá a encontrar el ordenador del asesinato, ASESINO?? de quien se enamorará, un tal Javier Diaz- Varela.

 La palabra “enamoramiento” es difícil de traducir a otras lenguas que conocemos. “Ese término que todo el mundo emplea con desenvoltura pero que no debería ser tan fácil puesto que no lo conocen muchas lenguas. … el enamoramiento. El sustantivo, el concepto, el adjetivo, el estado, eso sí es más conocido, por lo menos el francés lo tiene y el inglés no, pero se esfuerza y se acerca… (Luisa, p. 283). Cabe destacar que “Tomber amoureux, to fall in love”, las dos expresiones verbales equivalentes al estado de “enamoramiento” abarcan una noción de “caída” después de la fascinación, del vértigo.

En efecto, los “enamoramientos” en esta novela tienen que ver con una pasión vehemente que lo aglutina todo, que borra todo lo innecesario, todo lo inútil que no conduzca a la posesión del objeto del deseo. Diaz-Varela quiere conseguir el amor de Luisa y no vacila en eliminar el obstáculo mayor que lo impide. María, después de saber que Javier urdió el crimen, sigue escuchando sus miserables explicaciones que lo disculparían de toda responsabilidad. Y al final, nunca actuará para que se sepa la verdad.

Javier Marías, después de escribir, reflexiona sobre su propio trabajo y confiesa que ha tenido “la insistente impresión de que se trataba de un libro particularmente pesimista y sombrío” (La plaga de la impunidad).  ¿A qué se debe? Tiene que ver con el asunto del título: los actos mezquinos que son capaces de llevar a cabo las personas enamoradas, llegando a justificarlos fácilmente precisamente en nombre del gran amor que profesan a su ser amado.

Pero el autor se explica sobre otra cuestión, de orden más general, que tiñe de color oscuro el carácter de su novela: la impunidad que impera cada día más en el mundo.  En Los enamoramientos, uno de los personajes dice: “El número de crímenes desconocidos supera con creces el de los registrados, y el de los que quedan impunes es infinitamente mayor que el de los que son castigados”.

Marías recuerda los poquísimos nazis que sufrieron condena, los centenares de asesinatos no resueltos contra mujeres en Ciudad Juárez, por ejemplo. Pone en evidencia la insuficiencia de la justicia en su labor de condena y la consecuente mayor tolerancia de nuestras sociedades hacia la impunidad. ¿Qué remedio pueden aplicar los individuos particulares si ni siquiera lo logran los jueces? Como lectora particularmente sensible a la lucha por la justicia y por la protección de los derechos humanos, quiero decir que me convenció este compromiso humanitario del escritor, aunque “fuera lateral, indirecta y ficticiamente, en algo tan modesto como una novela” (La plaga de la impunidad).

Martine Melebeck