Entrevista a Ana Vázquez-Barrado, directora del IC Bruselas

Puente 183 (marzo 2022)

¿Puedes presentarte a los profesores belgas? ¿Quién eres, de dónde eres?

Hola, mi nombre es Ana Vázquez y soy la actual directora del Instituto Cervantes de Bruselas y Coordinadora regional del Instituto Cervantes en BENELUX. Llevo 20 años en una institución con una misión apasionante y que me ha permitido vivir experiencias únicas y sobre todo aprender, aprender mucho gracias a la generosidad de las culturas y de los países en los que he tenido la suerte de vivir. Antes de llegar a Bélgica he trabajado y vivido en otros países europeos como Francia, Italia, Reino Unido y por supuesto España, además de distintos países hispanohablantes como México, Bolivia o Argentina. Igualmente tuve la suerte de trabajar 6 años en Rabat y mis últimos 5 años, justo antes de llegar a Bruselas, los pasé en Nueva York.

Además de trabajar mucho, también he estudiado mucho a lo largo de mi vida. En realidad lo sigo haciendo.  Me licencié en Historia del Arte en la Universidad de Zaragoza, donde realicé a continuación los cursos de doctorado. También soy diplomada en Bienes Culturales Culturali por la Pontifica Università Gregoriana de Roma. He cursado algunos másteres como el Máster Europeo en Gestión y Mediación del Patrimonio Cultural, el Master en Traducción Italiano-español-italiano de la Universidad Complutense de Madrid o el postgrado en Dirección y Gestión de Organismos e Instituciones culturales de la escuela de Negocios Instituto Arte de Madrid. Tras mucho estudio me presenté al concurso-oposición para profesores de Educación Secundaria y al puesto de jefa de cultura del Instituto Cervantes. Era una locura presentarse a ambas cosas, pero se convocaron el mismo año y hasta coincidió alguna de las pruebas durante el mismo mes. No pensé que fuera capaz, pero aprobé los dos concursos y finalmente me decidí por el Instituto Cervantes.

Hasta mi incorporación al Instituto Cervantes fui investigadora del Istituto per gli Studi Storici de Nápoles y de la Real Academia de Historia, Arqueología y Bellas Artes de Roma, y profesora de lengua extranjera en la Universidad de Zaragoza y de Ciencias Sociales en Secundaria.

¿Cuándo llegaste a Bélgica? ¿Cuáles fueron tus primeras impresiones?

Llegué a Bélgica en el curso académico 2019-20. Me enteré de que iba destinada a Bélgica, después de presentarme a un concurso de promoción entre los compañeros del Cervantes. Así que, para mí, a nivel personal, Bélgica es sinónimo de felicidad porque ha sido el culmen de muchos años de trabajo.

Muchas veces me han preguntado cuál fue mi impresión al llegar a Bruselas dado que venía de una macrociudad como es Nueva York. A mí sin embargo, Bruselas no me parece tan distinta de Nueva York. Son ciudades cosmopolitas donde puedes encontrar de todo y si no lo encuentras es porque no has mirado bien o ¡no existe! Aquí también todo tipo de culturas y personas se cruzan pero, además, en Bruselas todo es más fácil. Es una ciudad a una escala más humana y más accesible desde un punto de vista económico y, además, me encanta el sentido del humor belga.

¿Cómo te parece Bélgica?

Bélgica me parece un país pequeño, joven y superviviente. Pequeño entre dos colosos europeos: Francia y Alemania y entre dos de los países con mayor poder adquisitivo: Luxemburgo y Países Bajos; en plena juventud ya que, a diferencia de la mayoría de otros países europeos, su independencia fue reconocida en 1839; y sobreviviente pues ha resistido a las tensiones permanentes tanto en el ámbito interno como externo, resultado, en parte, del carácter fronterizo de su territorio. Diría que es un país de una inestabilidad perfectamente estable en medio de múltiples y distintos intereses. Es también un país lleno de contradicciones y que prefiere, para ser preciso, justamente lo que a veces pudiera calificarse, y quizá lo sea, de ambiguo.  Es un todo indefinible y eso lo hace muy atractivo.

Muchos aspectos nos acercan a belgas y españoles, hemos mantenido una secular vinculación histórica a lo que se han sumado los movimientos migratorios bidireccionales desde la segunda mitad del siglo pasado y la integración en la Unión Europea. Y, por cierto, a día de hoy, los extranjeros que más segundas residencias tienen en España, son los belgas. Creo que nos gustamos.

¿Cuánto tiempo te vas a quedar aquí?

El máximo que está permitido, 5 años.

¿Ya has tenido contacto con profesores belgas?

Mi primera actividad fue a los 2 días de llegar. Ni siquiera tenía casa, pero ya tuve un encuentro de formación para profesores de español lengua extranjera.

Sí, naturalmente, mantengo un contacto constante pero mucho más con la Enseñanza Superior y las distintas universidades que con la Enseñanza Secundaria, debido fundamentalmente a la pandemia; y es algo que quiero remediar. Tengo un enorme interés en colaborar con los docentes de las escuelas belgas, yo he sido docente de secundaria, entiendo lo que es enseñar, comprendo sus problemas y me consta la relevancia de un trabajo que muchas veces no está suficientemente valorado. Creo que la educación pública, una buena educación pública, es el mejor garante de cualquier sociedad democrática y es necesario que ninguno nos olvidemos de esto.

¿Tienes proyectos particulares que quieras realizar aquí?

Sí, desde luego. Precisamente una de las pruebas para optar a esta plaza era presentar un proyecto de centro Cervantes para Bélgica. Efectivamente, contamos con un Plan de Centro que atiende a las diferentes áreas de las que nos encargamos, es decir, de la enseñanza del español y del resto de lenguas cooficiales, de la formación del profesorado ELE, de la organización de los Diplomas de Español Lengua Extranjera y otras certificaciones, así como de la difusión de la Cultural de España y de los países hispanohablantes.

En estos momentos tres de los aspectos que más me interesan son la formación de profesores de español para adolescentes, es decir el periodo de Secundaria, la enseñanza de español para adultos, fuera del sistema reglado, y la certificación de los niveles de lengua que permitan a todos esos estudiantes contar con un diploma oficial válido y reconocido. Por eso asociaciones como la Sociedad Belga de Profesores de Español y La Federación Internacional de Asociaciones de profesores de español, son tan imprescindibles. Ellas pueden ser las catalizadoras de las necesidades tanto de los profesores de lengua extranjera como de los estudiantes y nosotros estamos aquí para escucharlos, tomar buena nota y hacer todo lo posible para solventar los aspectos formativos que el profesorado considere más necesarios y los estudiantes más estimulantes.

¿Tienes algún mensaje para los profesores belgas?

Primero que recuerden que somos muchos los que sabemos que su labor es imprescindible, que nos hace más ciudadanos y más humanos, que sin ellos no es posible sembrar la tolerancia y la paz en una sociedad y que eso los hace parte esencial de cualquier sistema.

Segundo que en la medida de nuestras posibilidades el Instituto Cervantes apoyará y colaborará en todo aquello que necesiten.

Y en tercer lugar que vengan a vernos al Instituto Cervantes de Bruselas con sus alumnos. Los recibiremos con los brazos abiertos.