Abilio Estévez: El navegante dormido

Puente 142(2010)

Abilio Estévez: El navegante dormido.
Tusquets, Barcelona, 2008. 376 p

Esta última novela del autor cubano, que hoy reside en Barcelona, acaba de salir también en francés, con el título «Le navigateur endormi.»(Grasset, 2010, 392 p.)

El lugar central de esta historia es «un viejo bungalow junto a una playa sin nombre» en Cuba, cerca de La Habana.

Estamos en octubre de 1977. Se prepara un fuerte huracán, entre los muchos que devastan desde siempre esta región.

Desde luego, la lectura de este libro es más impresionante todavía en 2010, cinco años después del paso del ciclón Katrina que destruyó una gran parte de Luisiana.
En la novela, esta fuerza de la naturaleza se llama Katherine. Todos la esperan con ansiedad, protegiendo como pueden la casa, la gente y los animales del desastre.

Los protagonistas van apareciendo poco a poco con su historia, que se desarrolla a lo largo del siglo veinte. Pero El navegante dormido es mucho más que una trivial saga familiar.

La cronología no es lineal: pasamos de un episodio al otro, a veces sin transición entre las fechas claves: 1910, 1977 y 2007.
1910: entrada en el cuartel de José de Lourdes Godínez, llamado más tarde «el coronel jardinero», futuro patriarca de la familia Godínez. Cuando cumple catorce años ya tiene la ambición de ser general. ¿Lo llegará a ser? Lo descubiremos más adelante, como otros muchos acontecimientos de la vida de sus hijos y nietos.

1977 es el momento actual de los protagonistas, dieciocho años después de la «fecha fatídica» de 1959.
La que contará la historia familiar en 2007 (que es el presente de Abilio Estévez cuando escribe el libro) es Valeria, la nieta del coronel. Estas rupturas en el tiempo son muy importantes. Por ejemplo, aparece bastante rápidamente en el libro un simbólico reloj sin manecillas que suena locamente a deshora.

Hay muchos protagonistas y, aunque pertenecen casi todos a la misma familia o son cercanos, la lectura no es fácil. Hay que sumergirse en el libro sin interrumpir la lectura, al menos durante las cincuenta primeras páginas. Después todo se vuelve más claro.

No hay análisis sicológico: los personajes tienen estado civil y un pasado, pero no son «caracteres»; no hay «héroes», ni buenos ni malos.

El lugar, al contrario, importa mucho: es una casa aislada, escondida, cerca de una playa desconocida del Norte de Cuba. La naturaleza puede parecernos muy bella pero es hostil y «fea» para la mayoría de los protagonistas, que odian Cuba y su clima hostil.

Irse…Salir hacia el norte es el anhelo de todos, aun antes de 1959: dejar la Isla, descubrir el mundo y en particular los EE.UU.

La historia, o las historias, tienen cada vez más profundidad a medida que vamos adentrándonos en la novela. El lector impaciente se hace preguntas sobre la filiación de los personajes, su pasado, su porvenir. Irá obteniendo las respuestas,poco a poco, como en un verdadero thriller.

¿Cómo contarles algo de esta historia para contagiarles las ganas de leerla, sin desvelar sus misterios?

Los Godínez, «habaneros de Santiago de las Vegas, pequeño pueblo del centro de la provincia de La Habana», sobreviven difícilmente en el viejo bungalow que ha resistido cincuenta años el clima riguroso, el salitre y el ambiente político trastornado de la Isla. Fue construido en 1927 por un americano, el doctor Samuel O. Reefy, y lo heredó el Coronel Jardinero.

Sólo utiliza la familia algunas piezas sin confort de la casa, muchas veces sin electricidad. Cuando llega la amenaza del ciclón, la vaca Mamito y las gallinas también se refugian adentro, en el antiguo baño de los criados. Unos doscientos pájaros viven enjaulados en una pieza que antes, en el tiempo del doctor americano Reefy, era un teatro privado.
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El Coronel Jardinero, que parece «un pájaro gigantesco, un águila o un inmenso cóndor de los Andes», su esposa y los hijos y nietos se reúnen en la cocina, reino de Mamina, una sirvienta negra de noventa años.

Estamos en 1977 y las cosas han empeorado, sobre todo desde 1959, «fecha fatídica» que recuerda el autor frecuentemente, sin dar detalles históricos o políticos precisos a propósito del castrismo, salvo una o dos excepciones, de las que hablaremos.

El humor de la familia es triste, aunque cada uno tiene su escapatoria. El Coronel jardinero, a pesar de sus ochenta años, trabaja sin cesar fuera de casa, en la carbonería y en el jardín o criando los animales. (Nos enteraremos de que en realidad nunca llegó a ser coronel, y de que aprendió el oficio de jardinero en el cuartel.) Su esposa Andrea, vieja y cansada, teje medias de lana que no se utilizarán nunca. El hermano mayor del Coronel, Mino, vive casi encerrado en su habitación, escuchando discos de jazz o de música clásica.

El coronel y su esposa tuvieron cuatro hijos: tres desaparecieron de diferentes maneras y se contará su historia a lo largo del libro; la única que viene a visitar frecuentemente a los ancianos es su hija Elisa, que es actriz y vive en La Habana.

Los tres nietos, Valeria, su hermano Locuaz el Mudo y su primo Jafet, tienen alrededor de veinte años. Jafet siempre está en la playa, reparando el barco simbólicamente llamado Mayflower en el que desapareció su tío Esteban años atrás. Valeria teme que su primo Jafet se lance a su vez al mar, y él lo hará, repitiendo la huida de su tío. Será «el navegante dormido» del título.
El tío Olivero, un cincuentón muy enfermo, vive entre el miedo y el sueño con sus libros y un mapa de Europa. «Un hombre derrotado», dice de él Valeria.

«Pensándolo bien, en la casa sólo se hablaba del pasado» dice el autor. Y las historias del pasado poco a poco van dando densidad a los habitantes del bungalow.

No se olvidará la larga historia de Mamina, noventa años, hija de esclavos, que dejó su casa en el Oriente de Cuba a principios del siglo veinte, a causa de una guerra racial. Iba con su hija durmiendo tranquilamente en sus brazos, sin percatarse de que el bebé estaba muerto. «Peligrosos y azarosos los caminos que tuvo que recorrer Mamina para encontrar el refugio de la playa sin nombre…Dos meses y una semana interminables, de excesiva violencia. Intentando huir de un extremo a otro de la isla, desde las lejanas tierras de Oriente, para llegar, sin entender la razón, a una Habana insegura y babilónica.»
También es dramático el pasado reciente de Olivero, que en 1977 recuerda su encarcelamiento en un campo de trabajo forzado, porque las autoridades sospechaban que era homosexual.
En otros capítulos evoca el autor a autores prohibidos como V. Piñera, «un apestado político», o la amenaza de la guerra en Angola, dando así varias perspectivas históricas a la novela.

Como se ve, la mayoría de los recuerdos son malos. ¿Se termina pues el libro con una nota enteramente pesimista: la devastación provocada por el ciclón, los fracasos individuales de la mayoría de los personajes?

No. Valeria conseguirá por fin irse a EE.UU. y vivirá en Nueva York, donde escribirá, en 2007, la historia de su familia mientras observa la nieve cayendo sobre el río Hudson.
La nieve con la que había soñado Olivero sin llegar a conocerla nunca…

La creación de la autora ficticia dará un sentido a las vidas difíciles de los habitantes de la isla, vidas descritas y narradas en el estilo magnífico de Abilio Estévez.

Josine CANCELIER-MAHY

Recordemos que Abilio Estévez fue uno de los conferenciantes en el coloquio organizado por la SBPE, «Vías y voces de Cuba», en Mons, en diciembre de 1998, en donde habló del cine y de la literatura cubanos contemporáneos.

Hay que añadir que El navegante dormido es la última parte del tríptico cubano. La primera es Tuyo es el reino (1997) y la segunda Los palacios distantes (2002). Encontrarán los lectores una reseña de esta segunda parte en el Puente N° 118 de septiembre de 2004.