La buena letra

Puente 136(2009)

Rafael Chirbes nació en 1949 en la provincia de Valencia. Es crítico literario, periodista y autor de varias novelas traducidas al francés.

En esta novela corta escrita en primera persona en 1990-91, Ana se dirige a su hijo, adulto ya y casado, recordando fragmentos de su vida.

Los tres protagonistas principales son Ana, su cuñado Antonio y su marido Tomás. Los dos hermanos están en la cárcel durante la guerra civil y una parte de la posguerra.
Mientras tanto, las mujeres intentan encontrar alimentos de base, como harina, aceite, azúcar, y van a visitar a los dos presos. Lo importante, pues, es la dura vida cotidiana de esta familia de campesinos de la región de Valencia entre mil novecientos treinta y mil novecientos sesenta.

Después de la guerra, Ana y su marido, libre ya, acogen a Antonio en su casa cuando por fin sale de la cárcel. Éste parece adaptarse a la vida normal, pero después de trabajar durante unos meses tallando objetos de madera, empieza a desaparecer de vez en cuando llevando consigo los ahorros de su familia. Su hermano, sin embargo, lo va a buscar y lo trae a casa sucio y borracho. «La guerra lo ha hecho polvo» le dice Tomás a Ana.

Un día, Antonio trae a casa a Isabel, una mujer presumida que menosprecia a la familia de su novio, tratándola de vulgar, mezquina y sin ambición, a pesar de que ella también vive a expensas de Ana y su marido durante un tiempo.
Ana la odia y a la vez admira su refinamiento y su «buena letra»: En efecto, Isabel apenas colabora en las faenas domésticas, pero le gusta escribir y enseña a su futura cuñada a mejorar su «torpe letra».
Con el paso del tiempo las condiciones de vida mejoran, sobre todo para Antonio y su mujer, Isabel, que se han ido a vivir a otra casa. Al contrario, Ana, su marido y su hija se han empobrecido sustentando a la pareja.

Cuando Ana tiene cuarenta años, nace su hijo Manuel; su padre, que lo había acogido bien, empieza a alejarse de él y deja de trabajar regularmente. En 1950 muere de una neumonia, tras una caída de bicicleta en pleno invierno.
Y por primera vez conocemos sus señas de identidad : Tomás Císcar. 1908-1950.

Soledad, dolor, miseria son algunos de los temas de esta obra. Pero el silencio me parece el más importante. Ana y su marido se comunican con dificultad, aunque se entienden bastante bien .Ella se siente culpable del odio y los celos que tiene por sus cuñados, pero apenas se atreve a confesarlo a su marido. El cual, a su vez, también se queda silencioso o la trata de «egoísta» cuando se atreve a hablar de sí misma.

Esta gente sencilla, agobiada por la guerra y sus secuelas, no sabe cómo servirse de las palabras para aliviar su dolor. A veces se expresan los sentimientos negativos, pero casi nunca la amistad o el amor. Los domingos, los hombres sólo tienen el fútbol y las mujeres las películas sentimentales para soñar.

Por fin, la gente honrada y generosa resulta engañada y lo pierde casi todo, mientras que los que no tienen escrúpulos se enriquecen.

¿Por qué escribe Ana esta carta ? Quizás sea un intento de recuperar la memoria y de matizarla. ¿ Se trata de un deseo de entenderse a sí misma y a los otros? Efectivamente descubre que su cuñado era un hombre diferente de lo que ella creía ; dibujaba retratos, y particularmente de ella -¿la quería?- y al final de su vida, después de la muerte de su hermano Tomás, Antonio intenta reconciliarse con su cuñada.

Vemos también que el papel de la escritura es otro tema importante. ¿Es mentira o intento de descubrir la verdad?

A pesar de todo, Ana la taciturna sigue siendo suspicaz hacia la gente y las palabras : «La buena letra es el disfraz de las mentiras» dice refiriéndose a «ella», su cuñada odiada, y extrañándose de que su propio hijo sea escritor.
El perfume de la madreselva que crece en el jardín y le recuerda tantos momentos de su vida no ha aliviado el rencor ni el sufrimiento.

El autor dedica el libro «A mis sombras». La concisión y la sencillez de esta obra probablemente autobiográfica le permiten evitar que la trágica historia de una familia sea demasiado melodramática.

Es de notar que en la edición que he manejado un magnífico retrato de mujer de Lucian Freud ilustra la portada, obra que se encuentra en el Museo Thyssen-Bornemisza en Madrid.

Josine CANCELIER-MAHY