Pablo Neruda murió en septiembre de 1973 en Santiago de Chile, en la capital de su país de corazón y de lucha.
Gracias a la lectura de sus escritos, de sus poemas, sigue vivo en nuestra memoria, en nuestras venas. Durante este año de 2023, tampoco fue olvidado ya que se celebraron, por todo el mundo, numerosos homenajes a su figura de poeta y de hombre sencillo y, sin embargo, famoso y comprometido con la historia política de Chile y de América.
En julio de 2004, la SBPE organizó en el Castillo de Seneffe una jornada enteramente dedicada al poeta chileno, con ocasión del centenario de su nacimiento. Los lectores de nuestra revista Puente pueden encontrar, en el número 118, la reseña del evento, así como diferentes artículos que abordan su obra de una manera muy detallada.
A continuación, recordaremos los momentos más importantes de la vida del poeta a quien ofrecieron, en 1971, el Premio Nobel, máxima consagración para un autor.
Ricardo Eliecer Neftali Reyes Basoalto nació el 12 de julio de 1904. Su madre era profesora en un colegio para chicas y su padre obrero y conductor de trenes. Desgraciadamente, su madre murió de tuberculosis unas semanas después de dar a luz a su hijo y esa ausencia marcó de nostalgia los poemas a ella dedicados.
Pasó la primera parte de su vida en Temuco, una ciudad de colonos y de indígenas que viven en reservas, que le inspiró el Canto General. En 1921 se instaló en Santiago para seguir la vía de la literatura y empezó estudios de pedagogía en la Universidad de Chile. Allí conoció a su primer amor, a quien dedicó Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada.
En 1927 realizó su primer viaje a Europa y luego a Asia, donde estuvo de Cónsul en Rangoon, Birmania. En 1929 conoció a Gandhi en Calcuta y en 1930 fue nombrado Cónsul en Colombo, Ceilán.
Llegó a España, también como Cónsul, y entabló amistad con Federico García Lorca. Pero al estallar la Guerra Civil, como era antifranquista, dejó España y se fue a París, antes de regresar a Chile en 1937.
En 1939, siendo Cónsul en Francia, se encargó de enviar a Chile a unos dos mil españoles que huían de la guerra a bordo del Winnipeg, hasta Valparaíso.
Volvió a Santiago en 1940 y en 1941 fue nombrado Cónsul en México.
Se instaló en Isla Negra en 1943 y en 1945 fue elegido Senador de la República. Poco después se hizo miembro del Partido Comunista.
Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1945 y ese mismo año cambió oficialmente su nombre por el de Pablo Neruda.
En 1947, el presidente Gabriel González Videla proclamó la Ley de Defensa de la Democracia que prohibía el Partido Comunista. Así que Neruda tuvo que entrar en la clandestinidad, de 1948 a 1949, periodo en el que escribió gran parte del Canto General. Logró huir de Chile en 1949 y viajó por varios países, entre otros la Unión Soviética. Recibió en Varsovia el Premio Internacional de la Paz.
Volvió a Chile en 1952 y en 1953 le otorgaron el Premio Stalin de la Paz.
Publicó en 1957 Odas Elementales que reflejan la sencillez de la temática de su poesía.
En la década de los sesenta, se dedicó a la política y sostuvo la campaña y la presidencia de Salvador Allende.
En 1971 fue nombrado Embajador de Chile en Francia y el mismo año recibió el Premio Nobel de Literatura.
Renunció a su cargo de Embajador y volvió a Chile en 1972. Murió de cáncer el 23 de septiembre de 1973, doce días después del golpe de estado de Pinochet.
Entre sus obras destacan Crepusculario, Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada, Canto General, Residencia en la Tierra, Confieso que he vivido, etc.
Nada mejor para celebrar a Pablo Neruda que escuchar su voz profunda, la voz de sus memorias escritas en “Confieso que he vivido” (1974).
“Estas memorias o recuerdos son intermitentes y a ratos olvidadizos porque así precisamente es la vida. La intermitencia del sueño nos permite sostener los días de trabajo. Muchos de mis recuerdos se han desdibujado al evocarlos, han devenido en polvo como un cristal irremediablemente herido…
…Mi vida es una vida hecha de todas las vidas del poeta. “
Ahora no puedo renunciar a ofreceros la primera página de esta confesión porque evoca la geografía primera que marcó de manera indeleble la juventud y toda la vida de Neruda.
“El bosque chileno” es el bosque del sur de Chile donde Pablo vivió sus primeros años de infancia y adonde volvió regularmente para saborear, oler, tocar, oír, ver y volver a encontrarse con sus raíces elementales.
“… Bajo los volcanes, junto a los ventisqueros, entre los grandes lagos, el fragante, el silencioso, el enmarañado bosque chileno… Se hunden los pies en el follaje muerto, crepitó una rama quebradiza, los gigantescos raulíes levantan su encrespada estatura, un pájaro de la selva fría cruza, aletea, se detiene entre los sombríos ramajes. Y luego desde su escondite suena como un oboe… Me entra por las narices hasta el alma el aroma salvaje del laurel, el aroma oscuro del boldo… El ciprés de las guaitecas intercepta mi paso… Es un mundo vertical: una nación de pájaros, una muchedumbre de hojas… Tropiezo en una piedra, escarbo la cavidad descubierta, una inmensa rana de cabellera roja me mira con ojos fijos, inmóvil, grande como un cangrejo… Un cárabo dorado me lanza su emanación mefítica, mientras desaparece como un relámpago su radiante arco iris… Al pasar cruzo un bosque de helechos mucho más alto que mi persona: se me dejan caer en la cara sesenta lagrimas desde sus verdes ojos fríos, y detrás de mí quedan por mucho tiempo temblando sus abanicos… Un tronco podrido: .
¡qué tesoro!… Hongos negros y azules le han dado orejas, rojas plantas parásitas lo han colmado de rubíes, otras plantas perezosas le han prestado sus barbas y brota, veloz, una culebra desde sus entrañas podridas, como una emanación, como que al tronco muerto se le escapan el alma… Más lejos cada árbol se separó de sus semejantes… Se yerguen sobre la alfombra de la selva secreta, y cada uno de los follajes, lineal, encrespado, ramoso, lanceolado, tiene un estilo diferente, como cortado por una tijera de movimientos infinitos… Una barranca; abajo el agua transparente se desliza sobre el granito y el jaspe… Vuela una mariposa pura como un limón, danzando entre el agua y la luz… A mi lado me saludan con sus cabecitas amarillas las infinitas calceolarias… En la altura, como gotas arteriales de la selva mágica se cimbran los copihues rojos (Lapageria rosea) … El copihue rojo es la flor de la sangre, el copihue blanco es la flor de la nieve… En un temblor de hojas atravesó el silencio la velocidad de un zorro, pero el silencio es la ley de estos follajes… Apenas el grito lejano de un animal confuso… La intersección penetrante de un pájaro escondido… El universo vegetal susurra apenas hasta que una tempestad ponga en acción toda la música terrestre.
Quien no conoce el bosque chileno, no conoce este planeta.
De aquellas tierras, de aquel barro, de aquel silencio, he salido yo a andar, a cantar por el mundo.”
Martine Melebeck