Ñamérica (2a parte)

Puente 184 (junio 2022)

Esta es la segunda parte del artículo publicado en el precedente número de Puente.

https://sbpe.be/?page_id=5580

1. ¿El continente partido?

Te dicen que es la región más desigual: Ñamérica es la zona del mundo donde las diferencias entre ricos y pobres son más brutas, más visibles, más flagrantes. Es uno de sus rasgos principales. Una marca.” (p. 178)

Desigualdad de raza, de alimentación, de habitación, de salud, de educación, de género, de derechos, de participación, de violencia, de futuros… La lista es larga. Si hay desigualdad entre clases sociales, no es porque no haya recursos sino por la incapacidad de los estados ñamericanos para redistribuir esos ingresos. Algunos dirán que sin embargo creció una clase media con mejor nivel de vida. Según M. Caparrós, su existencia era imprescindible para aumentar el consumo, pero siempre queda insatisfacción porque siempre quieren consumir más.

2. ¿El continente violento?

“Ñamérica es la región más pacifica del mundo” (p. 265).

¡Podría parecer una broma, una declaración llena de ironía! Lo es y no lo es.

Lo explica el autor con esas palabras muy esclarecedoras:

En todo el siglo XX sus paises apenas se pelearon… Y sin embargo nos suele parecer la más violenta. Lo curioso es que también lo es. No hay violencia entre estados: hay, en general, violencia de un estado hacia sus ciudadanos o, muchas veces, entre esos ciudadanos”. (p. 266)

La producción y el tráfico de las drogas es una de las razones principales de esa plaga. Empezó con la cocaína cuyos nombres locales son numerosos y metafóricos: la coca, la blanca, el perico, la farlopa, la frula, la nieve, la merca.  Pero esa violencia se concentra en unas regiones:

Decir que Ñamérica es, en conjunto, una región violenta es, una vez más, un abuso de la estadística. Su gran violencia está concentrada en esa franja que va de Colombia a México, pasando por Venezuela y América Central. En el resto, las medias de homicidios está en los alrededores de la media mundial, seis muertes por cada 100000 personas cada año”. (p. 267)

Martín Caparrós evoca “El Narco», modelo de ascenso social y logro de poder. Reinó primero el modelo colombiano, pero ahora domina el de México.

También evoca el fenómeno salvadoreño de las “Maras” que actúan sobre todo en los barrios populares, que eran grupos de amigos, la banda de la esquina y que ahora son grandes organizaciones criminales, origen de mucha migración de una población asustada y víctima.

3. ¿El continente creyente?

“Somos católicos.

Ñamérica fue atrapada por la Cruz: armada por la Cruz” (p. 357)

 Martín Caparrós evoca el catolicismo de la Iglesia de Roma, muy presente y vigente en esta parte del continente.  Establece un lazo entre la pobreza y el sentimiento religioso porque la fe cree en los milagros.  La otra gran secta cristiana apareció justo después de que los españoles aparecieran en América; apareció porque alemanes, suizos, holandeses, ingleses… se hartaron de la iglesia de Roma, “de sus curas codiciosos y sus magias más torpes, e intentaron una forma de religión que aligerara el peso de la institución y sus gerentes y sus miles de santitos y sus misas misteriosas en ese idioma incomprensible” (p. 370)

¡El tono está dado!  Pero la situación no mejoró con la llegada del protestantismo ni con el evangelismo (los textos fundadores del evangelio eran la base). Ahora uno de cada cinco ñamericanos se proclama evangélico y más precisamente durante las últimas décadas, de la corriente “pentecostal”. Lo cual no es una verdadera liberación del individuo que sigue creyendo que la única solución a sus problemas terrestres será con dios y a través de su estricta práctica religiosa. Nada que ver, por supuesto, con la “teología de la liberación” ofrecida por los curas cristianos tercermundistas que se apropiaron de las reivindicaciones de los movimientos políticos y sociales de la izquierda latinoamericana en los años 70.

4. ¿El continente macho?

“Decíamos que Ñamérica es el continente de la desigualdad y la desigualdad tiene tantas facetas: una de las más visibles, de las más comunes, de las más largamente toleradas es la desigualdad entre hombres y mujeres.” (p. 422).

¡El derecho de voto, las mujeres bien educadas ecuatorianas lo lograron solo en 1930! La influencia de las telenovelas en el modelo de la pareja no ha sido un progreso para las mujeres con “su idea del amor romántico veteada de fatalismo y drama, el enamoramiento como un rayo que te parte y te trae, junto con la felicidad pasajera, el sufrimiento largo. Y, sobre todo, un reparto estricto de los roles, donde los hombres son autónomos y mezquinos, volátiles, violentos, y las mujeres están allí para sufrirlos-aunque a veces se venguen.” (p. 426)

Algunas mujeres se liberaron… Zoraida, prostituta en Cuba, insiste en que puede vivir como quiere, para eso ha hecho la revolución, ¡¡¡ya que su cuerpo es suyo y es lo único que tiene!!!

Otras intentaron liberarse de verdad… Así, M. Caparros nos cuenta la historia de Daria, una autóctona guatemalteca quiche que se emancipó gracias a los estudios. También recuerda las numerosas manifestaciones de mujeres que reivindicaban sus derechos, como al aborto, por ejemplo. Manifestaciones en Chile o en Buenos Aires el 8 de marzo de 2020.  La descripción que se nos hace el autor es magnífica por el tono casi épico:

Hay mujeres jóvenes y mujeres muy jóvenes, mujeres de caras pintadas de colores y pelos pintados de colores, mujeres que cantan y saltan y gritan y bailan y aplauden y dan vueltas, mujeres con bombos y tambores, mujeres con pañuelos siempre verdes, mujeres que caminan se encuentran se saludan se ríen se hacen selfis… mujeres mayores que las miran con ternura… mujeres que transforman este lugar en muy otro lugar, mujeres, mujeres con cabreo en el tono de sus gritos de sus puños alzados, mujeres en la calle, mujeres de la calle, mujeres, miles y miles de mujeres alrededor del Congreso argentino para exigir una ley del aborto que ya ha tardado demasiado”. (p. 439)

5. El continente pop

Ñamérica tiene una influencia política menor, una fuerza económica menguada, poco peso estratégico. No es, en esos temas decisivos, una de las regiones del mundo que el mundo mira con interés o susto. Pero su peso cultural es gozosamente desproporcionado. “(p. 487)

Ante todo, M. Caparrós pone en evidencia el uso de una lengua común, aunque existan variantes y dialectos. Variedad en el léxico y sus significados diferentes según los paises, los cuales pueden producir malentendidos. Varían también los acentos, pero, en fin, esa variedad constituye la fuerza de la lengua.

Una lengua fuerte, diversificada que es el vehículo de una gran riqueza cultural. No una cultura de una sola voz sino una hibrida, fruto del mestizaje. No podemos desarrollar aquí todos los canales por los que se difunde esa cultura, pero merece señalar la literatura con sus grandes creadores de mitos. En otro registro, son famosas las series televisivas (antes llamadas culebrones), el cine polifacético, sin olvidar la música.

Lo nuevo que nos dice el autor es que no hay -casi no hay- un mercado cultural ñamericano. En general la unidad territorial para la producción y el consumo de cultura es el país. Cada país produce para sí.

Algo sí que siempre circuló por el mundo fueron las músicas. Desde la habanera y el tango, a fines del siglo XIX, pasando por la salsa y la bachata, para llegar ahora al reguetón. Mezcla del reggae anglo jamaicano y ese ton que la vuelve latina, la palabra reguetón contiene el mestizaje que fundó Ñamérica. “Con su ritmo machacón, sus letras son simples, cortas, cuentan historias crudas de los barrios más duros, historias de violencia implícita y explicita… historias de encuentros muy sexuales, contados sin metáfora… la obsesión de coger siempre presente”. (p. 520) Canta Bad Bunny, en su canción muy vista en YouTube “Callaíta”:

“Ella es callaíta

Pero pal’sexo es atrevida, yo sé,

Marihuana y bebida

Gozándose la vida, como es,

Ella es callaíta”

Este largo capítulo se cierra con el universal tema del fútbol que no voy a desarrollar. Me limito con reproducir la frase asesina de M. Caparrós al respecto: “El fútbol es uno de los grandes inventos del siglo XX o, dicho de otro modo: es el mayor invento innecesario de estos tiempos. Si no existiera nadie lo extrañaría, existiendo, pocas cosas ocupan tanto espacio y tanto tiempo, tanta atención y tanto pensamiento… Y por azares históricos, genéticos, sociales, económicos, América Latina es la gran productora mundial de futbolistas -y de fútbol.” (p. 525)

6. El continente real

En esta tierra de mitos y más mitos, uno fue el fundador, el permanente: Ñamérica fue -durante tanto tiempo- el Nuevo Mundo, un espacio de todo por hacer, un mundo nuevo”. (p. 571)

Para aquellos cristianos semianalfabetos del siglo XVI la ilusión era encontrar el Paraíso con la primera visión de playas, plantas, hombres y mujeres desnudos que les parecieron virginales. Pero después ese paraíso natural se transformó, a sus ojos, en una mina inagotable (oro, plata…). El sueño chocó contra la realidad.

“Un mundo persistente, insistentemente nuevo:

Un mundo tan real hecho de mitos” (p. 572)

A continuación, el historiador apunta las realidades del continente ñaméricano a través de los siglos hasta ahora: un poder político y militar absoluto, las dictaduras, los movimientos revolucionarios de izquierda o de componente indigenista, la corrupción generalizada, los intentos para lograr la democracia.

D. El mundo por venir (un panfletito) 

Podría presentarse este último capítulo del ensayo como una conclusión.

“¿Cómo será, entonces, el continente próximo?

¿Cómo será el mundo que se viene? “(p. 660)

“¿Crees que tenemos futuro o es que ser un fracaso es algo que va a continuar?” preguntaba la periodista en la entrevista para France 24 hecha en octubre de 2021. A lo cual M. Caparrós respondió:

“Creo que tenemos futuro. Entonces, creo que, en términos generales, sí, las cosas van a mejorar, pero ¿cuándo, cómo? Es muy difícil de pensar. Y esto tiene que ver con la falta de un proyecto de futuro. “

En el ensayo, el autor es un poco más preciso en cuanto al futuro.  Propone una utopía “realista”:

Lo difícil no es conseguir algo que parece imposible; lo difícil es definir ese algo. Estoy a favor de lo impensable porque se ha realizado tantas veces. Solo se trata de pensar qué impensable uno querría, y apostarle del modo que uno pueda. Un nuevo paradigma es lo impensable… Porque, en última instancia, la premisa podría ser muy simple: encontrar una forma política para esa forma moral de la economía que consiste en que nadie tenga mucho más que lo que necesita, que nadie tenga nada menos. Que todos coman lo que precisan, que todos tengan la posibilidad de hacer algo parecido a lo que les gustaría, que nadie se quede fuera por su origen o su situación, que todos participen en las decisiones importantes, que nadie se sienta obligado a nada por la fuerza de las armas, los dineros, la opinión común; que no haya personas escandalosamente ricas ni escandalosamente poderosas. Que tanto las riquezas como el poder se repartan todo lo posible. Que las personas se mueran con la -módica- paz de saber que no han vivido mucho peor que lo que merecían. No debería ser tan complicado -y es lo más difícil.” (p. 664).

Martine Melebeck