Fernando Aramburu, Patria

Puente 178 (diciembre 2020)

Patria de Fernando Aramburu,  Andanzas, 2016.

Título poco atractivo a primera vista, ya que  ensalzar la patria no está muy de moda ahora, sea cual sea el país del que hablemos. ¿País? Aquí se alude al País vasco, una de las 17 comunidades de España… Sin embargo, cuando uno empieza la lectura de este maxilibro de 642 páginas, no la deja fácilmente, atrapado por los hilos de una narración tensa, viva y apasionante.

La novela está ambientada en Guipúzcoa, durante los años de plomo desde el postfranquismo hasta 2011, momento en el que la ETA comunicó su decisión oficial de dejar la lucha armada. Fue entonces cuando pudo empezar el largo proceso de paz, todavía no acabado por completo.

Los protagonistas son numerosos y habitan la vida cotidiana de un pueblo vasco y en particular la de dos familias vecinas, antes amigas y luego antagonistas. El relato se centra esencialmente en dos mujeres y sus esposos respectivos. Por una parte, Bitorri y el Txato; por la otra, Miren y Joxian. Dos niveles sociales diferentes: el Txato dirige una empresa de transportes; Joxian es obrero en las fundiciones locales de acero. Las dos mujeres son amas de casa y son amigas desde siempre. Los hijos de ambas familias juegan juntos, participan en las fiestas del pueblo, frecuentan las mismas tabernas. Hasta que Joxé Mari, el hijo mayor de Miren, se convierta en miembro activo de la ETA y pase a la lucha armada. Hasta que el Txato sea asesinado delante de su casa por unos terroristas etarras. Entonces se rompen los lazos entre las dos familias, aunque no totalmente.

¿Por qué les tenemos tanto apego a estos personajes tan contrastados? Porque Fernando Aramburu logra darles “carne y hueso” contando su pequeña historia cotidiana, con sus alegrías, sus decepciones, sus recelos. Hasta tal punto que el lector cree conocerlos como si fueran seres reales de su entorno. Aman, odian, son buenos y malos a la vez y sentimos mucha empatía hacia ellos porque no figuran en ninguna clasificación definitiva. Joxé Mari fue violento, mató a sangre fría por la “causa” pero si llegó a esos extremos, era por el bien del pueblo vasco. Lo creía sinceramente cuando empezó en la lucha. Luego, en la clandestinidad, obedeció las órdenes de sus jefes, convencido de los méritos de sus acciones. Después de muchos años en la cárcel, se lo pensó mucho y concluyó que lo hizo por nada. Asumió sus errores hasta el final. Un temperamento entero, semejante al de su madre Miren que siempre lo defendió a toda costa porque lo amaba indefectiblemente.

En Patria, Aramburu ha retratado las dos caras de la sociedad vasca a través de una ficción bien construida. Relata la historia como si la hubiese vivido de primera mano. En este relato, hay víctimas y asesinos pero no todo es totalmente blanco o negro. Si el autor muestra con mucho realismo las torturas sufridas por los que fueron arrestados y detenidos por actos terroristas, sus pésimas condiciones de encarcelamiento con terribles privaciones y falta total de respeto a los derechos humanos, esto no significa para nada que el autor justifique la acción terrorista etarra. Tampoco es un alegato a favor de la necesaria unidad de España. Patria nos muestra la complejidad de aquella situación, sin voluntad tajante de juzgar a sus protagonistas porque, al fin y al cabo, no son más que unos frágiles seres humanos. Lo ilustra con Joxé Mari, un duro, encarcelado desde hace muchos años, que se va debilitando poco a poco a causa del amor decepcionado por una chica que lo amó y lo dejó. Un Joxé Mari que

se había vuelto solitario, caviloso. Parecía tranquilo, pero la suya era la tranquilidad del árbol caído. Su soledad deliberada, la de un hombre cada día más cansado. Y tanto como cansado, escamado. Sus cavilaciones, las de una conciencia en la que poco a poco habían dejado de resonar consignas, argumentos, toda esa chatarrería verbal/sentimental con la que durante largos años él había oscurecido su verdad íntima.  ¿Y cuál era esa verdad? Cuál va a ser. Pues que había hecho daño y había matado.  ¿Para qué? Y la respuesta le llenaba de amargura: para nada. Después de tanta sangre, ni socialismo, ni independencia, ni pollas en vinagre. Abrigaba la firme convicción de haber sido víctima de una estafa.” (p.625)

A continuación, querría insistir en algunos enfoques privilegiados en la narración. Primero, el hecho de que el escritor ha querido mostrarnos una sociedad arcaica y patriarcal que ha preservado los valores de unidad familiar. Los hijos encarnan toda la gama de biografías de una sociedad que ha ido pasando de la vida pueblerina a la propia de una clase media semiurbana. Un ejemplo de eso es Nerea, la hija de Bitorri. Ilustra una relación destrozada entre madre e hija. Decidió estudiar en la Universidad de Zaragoza, lejos de su “patria” y luego, convivió libremente con su compañero Quique sin casarse. Gorka, el hijo menor de Miren, asumió su homosexualidad formando, en Bilbao, una pareja con Ramuntxo, alejándose del compromiso activo o pasivo pro ETA de sus ex amigos del pueblo.

Gorka, sin embargo, es fiel defensor del euskera. Escribe poemas en euskera, traduce del castellano al euskera y luego trabaja en una emisora de radio en lengua vasca. En Patria, la lengua vasca tiene su importancia: es vista como seña de identidad vasca; muchas palabras y expresiones en euskera salpican los diálogos y al final del libro, el lector puede referirse a un glosario explicativo en los dos idiomas.

La técnica narrativa de Aramburu en esta novela es particular y a veces algo desconcertante. Las más de 6OO páginas se han sedimentado en un centenar de capítulos breves que adoptan la unidad de un cuento. No los unifica la cronología estricta sino una sucesión de naturaleza emocional. También se ha diluido adrede la responsabilidad narrativa: no sabemos quién cuenta porque las frases escritas en primera persona se mezclan con las formas del estilo indirecto libre y con la presencia mayoritaria de un narrador que todo lo gobierna y organiza. El resultado es un estilo estético, urgente y minucioso que parece nacer de la misma historia contada, a través de unos diálogos expresivos en los que se usa el castellano hablado en el país. Por ejemplo, unas formas verbales aparecen en condicional en vez de en el  esperado pretérito imperfecto de subjuntivo:

“Y a ti qué cojones te importa, gilipollas. Más vale que aprenderías a respirar cuando duermes” (Joxé Mari a un compañero de entrenamiento a las armas, p. 382).

El lector tiene la impresión de participar en un “work in progress”  cuando el narrador, para acercarse lo más posible a los mecanismos psicológicos de sus personajes, formula los conceptos en formas alternativas o complementarias separadas por barras. Por ejemplo,  Ramuntxo a su amigo Gorka le dice:

Le pidió/prohibió que escribiera una sola línea para Egin (p. 360). Le toca al lector elegir la formulación más adecuada o no elegir del todo porque la realidad psicológica está entre el favor que le pide y una exigencia más rotunda.

Para terminar, quería añadir que en el momento de redactar estas líneas, TVE acaba de terminar la difusión en sus programas de la serie Patria, basada en la novela de Fernando Aramburu, producida por HBO. Desgraciadamente, hasta ahora, no he podido verla pero he leído que la adaptación televisiva parece bastante fiel a la obra literaria, salvo la escena final, algo más positiva en la serie, según dicen los comentarios de la prensa.

Martine Melebeck