Antonio Soler, El sueño del caimán

Puente 142(2010)

Antonio Soler, El sueño del caimán, Destino-Booket, 2007, 208 págs.

Antonio Soler nació en Málaga en 1956. Empezó su carrera literaria con una recopilación de novelas cortas titulada Extranjeros en la noche, Edhasa, 1992, que ya se había publicado sin éxito en 1986, en una pequeña editorial. Luego publica Modelo de pasión, Plaza y Janés, 1993 y Los héroes de la Frontera, Anagrama, 1995.
Las bailarinas muertas, Anagrama, 1996, es una novela de formación que fue galardonada con el Premio Herralde y el Premio de la Crítica. El telón de fondo es la Barcelona de los años sesenta, evocada por el narrador mediante cartas que le manda su hermano, cantante en un cabaret de la ciudad condal, cartas que nutren su imaginación y sus fantasmas infantiles.
El hombre que ahora digo, Espasa Calpe, 1999, cuenta, con el hilo conductor de una historia de amor, las distracciones de los soldados que, durante la guerra, montaban espectáculos para matar el tiempo.
El espiritista melancólico, Espasa Calpe, 2001, es una novela a medio camino entre novela negra y novela erótica en la que un periodista investiga la muerte de una cabaretera, cuyo cuerpo ha sido encontrado en un solar rodeado de crucifijos y otros símbolos religiosos.
El camino de los ingleses, Destino, 2004, es una novela coral de iniciación contada por un narrador externo ; es la historia de un grupo de adolescentes que se desarrolla durante el tiempo de un verano, el último que pasan juntos, en Málaga : « En el centro de nuestras vidas hubo un verano. Un poeta que no escribió ningún verso, una piscina desde cuyo trampolín saltaba un enano con ojos de terciopelo y un hombre al que una noche se llevaron las nubes. Los días cayeron sobre nosotros como árboles cansados. Ésta es la historia de Miguel Dávila y de su riñón derecho. Y también es la historia de mucha otra gente. Y también es mi propia historia. »

En 2006, publica El sueño del caimán, en Destino, una novela más política. Se abre con una primera frase singular, El mercurio es un metal líquido. Su número es el 80 y su peso atómico 200,61 que simultáneamente desorienta y engancha al lector.
El narrador es un exiliado español, un hombre solitario, un hombre fracasado. « El hotel de Truro [el hotel de baja categoría en que lo alojaron cuando llegó a Canadá con fama de héroe de la lucha antifranquista] fue una prolongación de las cárceles españolas. A veces pensé que mi libertad, aquella libertad miserable, era una continuación de mi condena, decretada por los jueces. »
En Toronto, encuentra un empleo de recepcionista en un hotel. Cuando no tiene nada que hacer, juega con el tubo de mercurio que está en su mostrador. Un día, registra a un cliente, un tal Luís Bielsa, llegado a Toronto para la inauguración de un monumento Mackenzie-Papineau dedicado a la gloria de los brigadistas canadienses que participaron en la guerra civil. El narrador conoció muy bien a ese Bielsa cuando formaba parte de un grupo de activistas que preparaban un atentado en Barcelona. Su presencia en el hotel hace brotar recuerdos de aquella época, la trampa en la que él y sus compañeros cayeron, los nueve años que pasó en las cárceles franquistas, la tortura, la muerte de sus camaradas, la infidelidad de la mujer que amaba, la segunda boda de su madre, el exilio a Canadá, un matrimonio convencional, la viudez… Por medio de sus recuerdos, se entera de la vacuidad e insignificancia de su vida : « A mí apenas me queda nada que recordar. Escribo todas las palabras que puede dejar tras de sí un hombre. Y me doy cuenta de la insignificancia de una vida aquí, detrás de un mostrador, de una vidriera frente a los que pasan… Mi paso único por el universo antes de volver a la nada se reduce a unos cuantos detalles, sensaciones, ideas fragmentarias. »
Esos recuerdos surgen en desorden, unos más presentes que otros, a lo largo de sus paseos por Toronto o cuando juega con el tubo de mercurio. Es a partir de entonces cuando el lector se entera del simbolismo del mercurio anunciado con la segunda frase : « Por su superficie cruzan sombras borrosas, igual que una figura en la penumbra de un espejo o una silueta confusa que camina a lo lejos bajo un atardecer de lluvia. » Y la silueta que lo invade todo es la de Luís Bielsa, el hombre que destrozó su vida y la de sus compañeros. ¿ Por traición o por frivolidad ? Pero da igual « Hay algo peor que la traición. La inconsciencia. La frivolidad y la desidia. » (Pág. 82) Nunca lo supo el narrador, pero el hecho de encontrarse frente a Bielsa va a despertar en él un deseo de venganza. « No sé quiénes son los inocentes ni los verdugos en la historia de mi vida. Pero sí sé que no habría llegado a tal punto si Luís Bielsa hubiera actuado de otro modo. No importa si es inocente. Alguien tiene que pagar. »

La escritura está en consonancia con el desarrollo de los recuerdos y a semejanza también del mercurio « No es una unidad ni tiene un volumen definido, toma formas prestadas, se adapta al recipiente que lo contiene. » , una escritura fragmentada, compuesta de oraciones breves e incluso frases sólo nominales.

El sueño del caimán es, a pesar de su poca extensión y de su aparente simplicidad (¿ o gracias a ellas ?) una novela de una gran densidad.

Rodolphe STEMBERT